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Proyecto Antología Cultural 1916-2016 del Archivo Histórico de Tucumán - 2do Artículo

 

El Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán, dependiente de la Secretaría de Estado de Gobierno y Justicia, rinde homenaje a la memorable gesta de 1816, en oportunidad del Bicentenario de la Declaración de la Independencia Argentina, con la edición de la presente Antología Cultural 1916-2016. Trátase de una convocatoria amplia, inclusiva, no condicionada, formulada a actores de la cultura vinculados con la Historia, la Literatura, la Lingüística, la Filosofía, las Ciencias Naturales y Físico-matemáticas, la Arquitectura y el Urbanismo, la Bioética y la Salud, la Vida de las Comunidades, el Teatro, la Música y las Artes Plásticas. Contamos con la colaboración de destacadas personalidades de la cultura, tales como César Pelli, Pedro Luis Barcia, Daniel Dessein, Carlos Duguech, Carmen Perilli, Enrique López Avellaneda, Denise León, Jaime Nubiola, Lucía Piossek Prebisch, Manuel Héctoc Zaraspe, entre otros. 

Cada capítulo recoge una monografía de extensión intermedia, aproximadamente seis páginas, sin un límite estricto ilustrada con fotografías; gráficos: croquis; planos; etc.
Las invitaciones se han cursado a personas distinguidas de la sociedad, vinculadas con el quehacer provincial y privilegiando la exaltación de la dignidad del hombre. 

Hasta el día de su presentación, programada en principio para el mes de septiembre, subiremos a nuestra web algunos de los excelentes trabajos que se incluirán en la Antología Cultural 1916-2016.

Continuando con esta iniciativa, compartimos ahora el maravilloso texto de Héctor Zaraspe, gran maestro de baile que recientemente fue distinguido por el Congreso de la Nación: 

MI VIDA, MI TRABAJO, MI ARTE Y MI VIVO RECUERDO DE AGUILARES

Manuel Héctor Zaraspe

Por medio de esta importante Antología Cultural 1916-2016 quiero agradecer a las autoridades que me invitaron a dejar un testimonio de mi vida, mi trabajo y mi arte, en oportunidad del Bicentenario de la Independencia de nuestra querida Patria Argentina. Saludo asimismo con sincero afecto a todos mis compatriotas y comprovincianos...

 

Resido en Nueva York desde hace 50 años, sin embargo conservo vivo el recuerdo de las maravillosas personas que fueron determinantes en mi vida, a las que deseo expresar mi más profunda gratitud. Por ello, deseo rendir un especial homenaje a mi querida ciudad de Aguilares, donde crecí y aprendí a rezar, a cantar, a declamar y a bailar. De modo particular, va mi gratitud a tantos seres generosos, testigos siempre vivientes del espíritu evangélico; fueron luz y guía en los albores de mi vida. Concurrí a la Escuela Gobernador Frías Silva (Av. Mitre 654), frente a la plaza 25 de Mayo, al igual que la Intendencia y la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen que, en 1940, estaba en construcción. 

Recuerdo con muchísimo cariño a las personas que con su sabiduría fueron forjando en mí todos aquellos conocimientos y valores que me guiarían a lo largo de la vida. En primer grado a la señorita María Antonia Fernández que me inculcó la vocación por el arte. Aprendí a reconocer y respetar el estudio, de Milagros Gómez de Cánepa y mi querida maestra María Pastorino de Pastorino fue quien me enseñó el valor del credo y la bondad y soporte de la oración. La maestra Soraire de Juárez en cuarto grado me transmitió mi adhesión de siempre a la verdad y el amor, valores fundamentales de la vida.

La familia Albarracín fue mi gran contención afectiva siendo don Manuel y su esposa mis padrinos de la Primera Comunión y de la Confirmación. Evoco con reconocimiento a la Familia Quiroga con la cual me crie; también al Dr. Paztorino y a los sacerdotes Rs Ps. Pego, Ferro y Soria y a la catequista Martina Ferreyra. Mi emocionado reconocimiento a las familias Sánchez Toranzo y Abregú; a Ruth y Cesar Romero; a Juan Simón Padrós y al Dr. Crito.

El lunes 02 de septiembre 2013, Alberto Horacio Elsinger en la sección “Un viaje por la nostalgia” de La Gaceta de Tucumán publicó “El séptimo arte colmaba las cuatro salas de Aguilares los fines de semana”, donde cuenta que “el primer cine de la ciudad de las diagonales fue el Renzi. Funcionó en la década del 30. Luego convivieron el Astoria con los Gardeles al aire libre y con techo. Este último se transmutó en Torres 2”. Identificado con el espíritu de su relato, verdadero viaje a la nostalgia, transcribo algunos fragmentos:

“Dicen que el tiempo y el olvido son como hermanos gemelos; van echando de más a quien un día echaron de menos. Y la historia de los cines de la ciudad de Aguilares se encuadra dentro de esta premisa. Todos saben que existieron pero […] casi nadie documentó la existencia de ellos. […] Al parecer, según la tradición oral de la ciudad que alguna vez se popularizó como de las diagonales, funcionaron formalmente cuatro salas con cinco nombres y cuatro propietarios. El primer biógrafo o cine que habría existido en Aguilares […] habría sido el Renzi, en la década del 30. La sala se habría emplazado en un predio de la calle Juan Bautista Alberdi al 800.

[…] Daniel ‘Lito’ Posse, de 69 años, recordó que cuando era niño ‘ya hacía un tiempo que existía el cine Gardel, ubicado a la par de la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, patrona de este municipio. Después de que fuera cerrado lo reabrieron con el nombre de Torres 2’. Otro de los cines se encontraba en la intersección de las calles San Martín y Sarmiento, también frente a la plaza 25 de Mayo. Era al aire libre y también pertenecía a la misma firma que administraba el Gardel; funcionaba en primavera y verano y solo con exhibiciones nocturnas.

La cuarta sala ocupaba las instalaciones en las que hoy se encuentran la biblioteca popular Ricardo Rojas y el Centro Cultural de la Universidad Nacional de Tucumán de esta ciudad, que tuvo como primer intendente a don Ramón Simón.

El más grande de todos fue el Gardel. Tenía capacidad para 400 personas o un poco más, entre la platea y el pullman alto […] En cambio el Astoria, que se encontraba en Alberdi 1021, era un salón con butacas, pero agregándole sillas en el medio, no superaba los 300 espectadores. […] ‘Si la sala del cine Gardel hablara, los jóvenes actuales se enterarían de tantas cosas hermosas que ocurrieron en su interior. Sin temor a exagerar, puedo decirle que varios matrimonios y hogares de esta ciudad se gestaron en ese cine’, dijo en tono evocativo y con un dejo de nostalgia, Ernestina del Valle Aparicio […] Entre la segunda mitad de los 70 y la primera del 80, las mujeres de mi generación y otras solo un poco más mayorcitas veníamos a la misa del sábado, a las 19, en Nuestra Señora del Carmen y a la salida, íbamos al cine, que está a la par.

Mientras el cine atraía a mucha gente había funciones nocturnas de lunes a viernes. Familiar y nocturna, los sábados y matiné, familiar y nocturna los domingos. Luego solo se programaban sesiones para los fines de semana, hasta que la televisión por cable, el video y la tecnología en sí los hicieron desaparecer. […] Durante las siestas domingueras en el Gardel, la matiné comenzaba a las 14 e incluía dos series o filmes seriados, y una película de acción que podía ser de vaqueros o de policías y ladrones. […] El novelista francés Honoré de Balzac (1799-1850) solía afirmar: ‘para el hombre, el pasado se asemeja singularmente al porvenir; contar lo que fue es tanto como decir lo que será’. Y rescatar la historia reciente es una necesidad ineludible para el futuro.”

Nací en 1930 en Aguilares y allí di mis primeros pasos en el ballet. Recuerdo que apenas adolescente, escuche en silencio, cómo mi hermana y mi cuñado confirmaban las dudas iniciales de mi madre: “bailar en puntas de pies es para las niñas”, dijo ella. “Está loco; eso no es cosa de hombres”, agregó él. Era un domingo gris y desde un rincón de la humilde casa de Morón veía cómo mi familia descalificaba mis más profundos deseos. Ya tenía 14 años, pero no aguanté más y comencé a llorar. Mi madre solo me miró y sentenció con firmeza: “mi hijo va a estudiar baile porque no me gustaría que un día, viendo un ballet, pensara que él podría haber sido uno de ellos. Él va a bailar y yo me hago responsable”. “Se va a morir de hambre”, prenunció mi hermana a media voz.

Mientras mis padres bailaban zambas y chacareras, yo daba sus primeros pasos con zarzuelas y mazurcas en actos escolares. Luego, la repentina muerte de mi padre y la falta de trabajo provocaron nuestro viaje hacia Buenos Aires, donde se acentuó mi interés por el ballet, la música culta y el cine. En la edad de las dudas, comenzaba a tener una certeza: quería ser bailarín. Como dije, mi vocación fue respaldada por mi madre; ese fue el contrato de amor, más valioso que firmé en mi vida. Con el consentimiento de mi madre tenía que ser bailarín. El mejor bailarín. No había otra. El problema era cómo un chico pobre y sin contactos se mete en una carrera de lujo que pide mucho y no promete nada.

Las primeras clases de baile español las pagué limpiando pisos y más adelante, las del maestro Otto Werberg, con gallinas que llevaba de mi casa. Werberg fue quien me enseñó sobre la humanidad y la humildad. Siempre decía que para poder ser el primero hay que sentirse el último. Me enseñó a brillar aun siendo el último. Cuando las gallinas se acabaron, conseguí un trabajo de vendedor de cigarrillos y golosinas en el aeropuerto de Morón, donde me había hecho amigo de Elisa de Arrieta, quien me advirtió que la hermana de ‘Evita’ ¾ María Eva Duarte de Perón ¾ estaba en el aeropuerto: “Tú que quieres tanto a Evita, está aquí su hermana” y allí se produjo mi encuentro casual con Elisa Duarte. Al verla, me planté delante de la mujer y le dije con todo el descaro posible que era un artista, pero pobre, y que necesitaba ayuda; si Evita supiera, si pudiera hablar con ella… Quince días después, “el negrito de Aguilares” estaba haciendo este planteo frente a la mismísima Eva Perón - paloma y tigresa -, que luego de escucharme me ofreció un trabajo en la sucursal N° 54 del Correo en la zona norte y dio orden de que me inscribieran en la Escuela de Danzas del Teatro Colón. Recuerdo que en una audición para ingresar al cuerpo de baile, los aspirantes hacían combinaciones difíciles. Expresé, que quería estudiar, mas no podía hacer los movimientos por falta de técnica. La señora Mastrazzi dijo ‘tú ya estás adentro’ y así nació el curso acelerado para varones. Yo tenía 17 años. Fue una experiencia hermosa, comenzando con esas mujeres de la calle Austria que me dieron el trabajo.

Igualmente auspiciosa, mi entrada al Teatro; siempre digo, después de Dios y mi madre, Eva Perón. Es a quienes tengo que agradecer, y a mis maestros. Estudié con Esmeé Bulnes, Otto Werberg y Gema Castillo. Esmée Bulnes fue la más exigente, la más humana fue Gema Castillo y el ejemplo de maestro para mi es Otto Werberg, él te daba todo, su bondad, su exigencia y su amistad. La señora Maragarita Wallman, cuando le dije que quería ser coreógrafo me respondió ‘baila con tu cuerpo, tu voz y tus ideas’. Junto con mis estudios, empecé a dar clases de danza en la Escuela de Artes y Oficios de Morón, y a estudiar teatro.

A los 22 años, vi cómo otro deseo se volvía realidad cuando recibí un pasaje, de ida, a España, pagado por las madres de mis alumnas de danza. A mi mamá le dije que me iba becado por la Fundación Eva Perón por tres meses, pero la verdad es que no sabía adónde iba ni cuándo volvería. Mi madre me acompañó al puerto y nos despedimos sin demasiado sufrimiento. Ella parecía firme. Yo saludaba desde la baranda sin mucha conciencia de lo que hacía. Mientras el barco se alejaba, yo saludaba alegre y veía cómo en la costa se amontonaba la gente. Años después me enteré que en ese momento mi madre se había desmayado.

Dos semanas más tarde, corría el año 1954, el barco Alcántara, de la Armada Real Inglesa, me dejaba en el puerto de Vigo, y allí descubriría lo precario de mi situación; solo, en un país desconocido, con dos maletas por todo equipaje y cinco dólares en el bolsillo. Sentí que el mundo se venía abajo. Desde ese momento se trataba de sobrevivir, y pensé en cómo hacerlo. No tenía ni una peseta, pero empecé a organizar festivales. Una vez, mi madre me tuvo que mandar unas zapatillas de baile para venderlas y poder pagar la pensión.

Con la deuda saldada, dejé Vigo y partí para Madrid. Nuevamente en una gran ciudad, decidí hacer frente a la nostalgia yendo a pedir por trabajo a San Cayetano. Al salir de la iglesia encontré a una mujer a la que le pregunté por una guardería infantil donde empezar a dar clases de danza. La señora no sólo resultó ser una de las influyentes damas de San Cayetano, sino también la dueña de una guardería infantil. Días después, daba clases en el lugar y enseñaba a muchas mujeres de las casas reales pertenecientes al grupo de damas. Recuerdo que entre ellas había muchas que luego serían reinas. Pude realizar el proyecto del Liceo Coreográfico y Musical de Madrid. Permanecí en España, 11 años, donde en el lento comienzo de mi carrera, fui contratado por Mariemma, una gran bailaora y una gran persona. Aportaron a mi formación, Kathleen Craffton,Anna Norskoth,Pilar López,Natalia Dudins kaya,Assaf Messerer,Anya Holm, José Limón y Martha Hill. Participé en un espectáculo de Alberto Closas Lluró (1921-1994).

Un día llegó el Ballet de Janine Charrat; un chileno de nombre Octavio Cintolesi (1924-1999) era el Maestro de la compañía. Me pregunto, “¿me harías un favor?; ¿puedes dar clase a la compañía mañana? Yo era joven y debí asumir la responsabilidad de conducir a Janine Charrat, Milorad Miskovitch, Tessa Beaumont y muchos otros distinguidos artistas de la danza. Esas personas me enseñaron cómo ser un gran Maestro.

Estando en España,en el mundo del ballet se hablaba insistentemente de Rudolf Nureyév; de su deserción de la ex URSS y de sus actuaciones en Suiza con la ballerina Rosella Hightower. Un amigo me propuso llevarme. Vi bailar a Nureyév; luego de la función fuimos a su camarín y le expresé mi admiración por el modo de conducir a su partenaire. Aprecio y valoro eso, le dije. Ud. no está al servicio del ballet; sin embargo, simultáneamente baila y conduce a su compañera. Nureyév coincidió, “precisamente eso, gracias”. Entonces le pedí una zapatilla de baile; accedió y me obsequió una nueva. Puedo conseguirla en el comercio,le dije;quiero una de las suyas.“No regalo mis zapatillas”, expresó. Agradecí con sentimiento y cuando nos alejábamos, levantando su brazo derecho me pidió que me acercara. Tomó su zapatilla y me la obsequió autografiada.

El gran Antonio y yo bailábamos en el mes de mayo de 1964 cuando se ofreció una cena para homenajear a las estrellas del ballet. Durante la reunión Nureyév, levantando un programa del Ballet de Antonio, dijo que deseaba conocer con quién había estudiado Luis Fuentes; ¿quién fue su maestro? Antonio respondió, señalándome. “Deseo tomar clases con Ud.” acotó Nureyév. Viajé con Margot Fonteyn y con él a los Estados Unidos. Pensaba entre lágrimas, que vería bailar a esos “monstruos sagrados de la danza” en el Metropolitan Opera House de Nueva York y que estarían en mi clase al día siguiente, haciendo lo que les indicara. Me decía, ¡mi Dios, esto es demasiado! ¿Cómo es posible ser bendecido con una escuela como la Juilliard?

Dice Dame Margot Fonteyn en su autobiografía[1]: “Otro maestro que Rudolf (Nuréyev) encontró, fue Héctor Zaraspe, un argentino, y un gran comediante. Cuando uno piensa en aproximadamente trescientas horas de clases rigurosas cada año, durante treinta o cuarenta años de la propia vida, es fácil reconocer lo inmensamente importante que es la personalidad del profesor. Es más fácil trabajar con los amantes de la música, el ballet y el teatro que con aquellos que se preocupan más por la posición de las caderas, mas, no se puede tener lo uno sin lo otro, y todas las clases son absorbentes.

De todos modos, es bueno reír y Héctor tiene un gran sentido del humor, lo que ayuda a superar las dificultades. Su inglés es bueno actualmente, pero le gusta contar del día en que viajó por primera vez en el subterráneo neoyorquino; el vagón estaba repleto de pasajeros y él de constitución menuda, colgaba del pasamanos, cercado por fornidos americanos. Cuando llegó a su destino, como no lograba abrirse paso hacia la salida, tímidamente dijo con su vecino: squeeze me -exprímame-, en vez de scuse me -discúlpeme-. El grandote frunciendo el ceño le espetó como un gruñido en slang: “¿Qué dice?” Héctor, más nervioso que nunca, repitió su frase: “digo que me exprima por favor”, y empujando con desesperación logró descender; un tanto alarmado por la agresiva expresión del grandote”.

Agrega Margot Fonteyn, “lo invité a Panamá una Navidad para que yo pudiera disfrutar de las vacaciones sin perder mi entrenamiento. Desafortunadamente, él vino con tanta prisa que olvidó gestionar su visa americana de reingreso; no regresó a su casa, sino después de seis meses; sin embargo, sobrellevó la demora, amable y pacientemente [2].

Alguna misteriosa y providente circunstancia hace que mis alumnos de todo el mundo me reconozcan como un maestro que forma en la técnica de la danza, pero aún más en lo espiritual; que los encamino a alumbrar más que a brillar.

Será tal vez como decía mi querida amiga la actriz China Zorrilla,que“la palabra maestro me describe” porque “enseño sutilezas”. O que poseo, como afirma el coreógrafo Oscar Araiz, “un espíritu religioso con respecto a mi actividad, algo sagrado que, en definitiva, tiene que ver con el origen de la danza”. A mis alumnos les enseño a bailar bien todos los días. Sin tener que esperaraunaaudiciónparadejartodo.Bailarcomosifueraelúltimodíaenqueselovaapoder hacer. Tomar esto como un privilegio. Esmerándose en cada ensayo. Siendo un bailarín maravilloso en cada clase. Descubrí a Paloma Herrera, cuando ella tenía 15 años, hoy dice que la forma que tengo de tratar el arte del ballet es muy especial; que doy todo en cada clase, que respiro ballet. Le agradezco el identificarme con el arte y el ballet.

Algún experto cuestionó a Rudolf Nureyév haber elegido como maestro de baile personal a un argentino en lugar de un francés o un ruso; respondió: “Yo busco a mi maestro por su sensibilidad a la belleza y no por su nacionalidad”. El arte de la danza consiste en sublimar la materia, convirtiendo el cuerpo en un instrumento del arte, el bailarín solfea con su cuerpo,pintando en el aire la música que lleva en el alma. He propuesto un decálogo de la danza:

1.  El arte de la danza consiste en convertir a la música en imágenes visibles. Para ello, es necesario usar la sensibilidad, unida a un gran esfuerzo físico, mental y emocional. Si alguno de estos principios falta, habrá destreza técnica, pero no danza.

2.  En clase se debe trabajar buscando la perfección técnica, teniendo en cuenta que el arte de la danza demanda una síntesis de espíritu y mecánica.

3.  Cuando la clase se empieza usando el plié, se debe trabajar desde los pies, estirando las rodillas, abriendo al máximo que se pueda la pelvis, pero sin sacrificar la posición correcta.

4.  Para desarrollar la energía y la agilidad, se debe mantener la espalda recta, estirar el cuerpo y respirar despacio y profundo.

5.  Cuando un ejercicio es difícil, es necesario calma y mantener en la mente las combinaciones o variaciones, respetando las frases musicales.

6.  Las pausas deben usarse para descansar, pero no hay que economizar energía si no es necesario. Cuando más cansado se está, debe mantenerse la posición correcta.

7.  La energía debe utilizarse con gracia, permitiendo que los brazos sean generosos. La entrega lleva a descubrir la perfección del movimiento. No debe olvidarse que en los brazos está la poesía de la danza.

8.  Ame todo lo que haga. Dé importancia al más pequeño movimiento. No olvide que la limpieza en la técnica es más importante que un excesivo virtuosismo.

9.  Para cada ejercicio es necesaria la disciplina. Teniendo disciplina, el bailarín tendrá control; podrá comandar su cuerpo y de esa manera liberarse de la técnica.

 

10.       El trabajo da la técnica. La técnica da la perfección. La perfección hace al artista. El artista ve a Dios. Cuando baile sea libre, porque la libertad es vida.

El Maestro, como guía de un arte (aunque parece desaparecer), es el más necesario para la humanidad; es el vínculo entre la tradición y el presente; tiene la responsabilidad de descubrir en el individuo sus condiciones, las cuales a veces él mismo ignora; sin ofender la inteligencia, debe ser la conciencia del discípulo; tiene que llevar el cuerpo al máximo de perfección artística. A veces el Maestro es el vértice entre el crítico y el que actúa; porque tiene que estar en él, adentro y afuera, entre el creador y el intérprete. El Maestro no debe deshacer la intuición sino todo lo contrario, pues la danza es intuición; tiene que poner la danza, o sea, el instinto, en orden; determinarlo, encausarlo, poniéndolo al servicio de la inteligencia.

Hay que hacer lo que se ama para luego amar lo que se hace. El que no nació para servir no sirve para vivir. Recomiendo a mis alumnos tomarse tiempo para pensar, pues es la fuente del poder; para jugar, porque es el secreto del poder perpetuo; para leer, porque es la base de la sabiduría; para rezar,porque es el mayor poder sobre la tierra; para amar y ser amado, porque es un privilegio otorgado por Dios; para ser amable, porque es el camino a la felicidad; para reír, pues la risa es la música del alma; para dar, porque el día es demasiado corto para ser egoísta.

 

Al repasar mi vida, reconozco que no entiendo muchas de las cosas que me pasaron, pero siento haber cumplido con mi destino. He seguido mi camino como Dios quiso que lo hiciera. Uno se preocupa mucho, pero en el fondo hay que dejar a Dios hacer las cosas y ponerse en sus manos. Si todo deseo estancado es un veneno, no corro peligro. La memoria de mi madre tampoco. Ella siempre deseó que fuera una persona respetada antes que importante y, según parece, lo he logrado. Resido en Nueva York desde hace 50 años, habiéndome retirado con honores de la Juilliard School, donde enseñé desde 1970 por más de 35 años, llevado por mi enaltecida visión de la danza a cuya dedicación considero un acto de Fe.

Para allanar el camino de los niños de mi provincia natal que como yo, tengan inquietudes artísticas y fomentar en ellos la autovaloración a través del desarrollo espiritual, creé en 1993 la Fundación Zaraspe que localmente dirige mi amigo Eduardo Espejo y se propone hallar talentos artísticos entre los pequeños que asisten a los comedores y escuelas rurales de Tucumán para, merced a un acuerdo con Naciones Unidas, llevarlos a Nueva York a perfeccionarse. Los niños son lo mejor del mundo y la fundación es lo más hermoso que Dios me ha permitido hacer, para compartir mi visión de un mundo unificado en la generosidad y el amor.

Por otra parte, en Nueva York otro argentino ex alumno, Gabriel Chajnik, creó hace cinco años y medio el grupo TranscenDanceGroup ¾ movement in constant transformation ¾, del que soy asesor artístico. Tiene un auspicio municipal y estoy muy contento con este trabajo, son jóvenes que se seleccionaron por audición.

Voy a la Juilliard cuando me llaman; cada año, continúa entregándose el Premio Zaraspe, donde concursan ocho obras coreográficas. Esa actividad me obliga a superarme, para estar a la altura de las circunstancias y a pesar de la edad que uno tiene, continuar trabajando, o al menos hacer couching; escribir; dar conferencias; charlas, de manera que el alumno pueda seguir recibiendo lo que alcanzo a transmitir. No pretendo que la vida discurra como en el año ’50. Cuando me hablan de cosas pasadas regreso al hoy; en el ballet, como pasión que se vive, hay que echar a volar el espíritu. El bailarín debe ser un instrumento; el cuerpo es un instrumento dotado de movimiento. Lo más importante es ser uno música, ser uno pintura, ser uno una poesía, y tener fuego interior. No alcanza un fueguito; tampoco una llamarada, debe alimentarse un fuego abrasador, ardiente y permanente. Hay gente que tiene solo la tercera parte de la intensidad necesaria y cree que tiene la plenitud; entonces tratan de brillar pero no alumbran. El que es dotado, sale al escenario y enseguida lo notas. La magia de la danza, es un embrujo maravilloso. También están los que salen quemados; hay que entrar a ese fuego y salir iluminado; el artista hipnotiza al público, hacer que su cuerpo hable.

Me acompaña permanentemente el recuerdo del pasado, para intentar interpretar el mundo del hoy, lo que en la docencia significa mirar al futuro. Mi juventud cuando la primer clase privada que di a Nereyév a quien acompañaba Violette Verdi; la clase era para ella y pidió permiso para tomarla con él. Eso fue en el ’65. En abril del ’75 Baryshnikov tomó la primera clase conmigo y también fue con Violette Verdi. Son ellos, los alumnos, los que me han hecho ser un maestro tan exigente quizás, porque cuando tienes profesionales que realmente aman la danza, son ellos los que se exigen a sí mismos; son más demandantes. Puedo ver ese amor a luchar por lo casi imposible, porque nadie ha nacido para caminar con los pies abiertos, para estar girando diez piruetas en un pie, todo eso se ha hecho en base a una técnica. Nureyév odiaba la mediocridad por ejemplo, y todo lo que hacía era con limpieza, limpieza y limpieza.

“Tango passion”, una obra que se estrenó en Buenos Aires en 1992 con el patrocinio del gran empresario Mel Howard, ha recorrido el mundo. Durante su creación, concebí el espectáculo como un desafío; modifiqué las parejas, haciendo bailar una dama con tres compañeros y dos varones entre sí. Fui muy feliz durante su génesis; ha superado largamente la década ‘en cartel’. En 2009 fui llamado para hacer un nuevo programa para París. El empresario de 18 años vendió la compañía a empresarios portugueses, y cambió todo. Es que después de tanto tiempo hay que hacer otra cosa.

Adhiero a la mística de mi trabajo, soy siempre entusiasta, procuro estar actualizado y soy curioso. Desde que dejé la enseñanza académica en la Juilliard School, no he parado de transmitir mi experiencia a las nuevas generaciones. Dicto clases particulares, integro jurados internacionales y colaboro con la confección de programas de estudio en diversas ciudades del mundo. Cuando me jubilé comencé a viajar a Europa principalmente. Me invitaron a Alicantepara dar clase en el Conservatorio de Música y Danza y al año siguiente a Valencia para que revisara el programa de enseñanza y el método que usaban, lo que ha sido para mí un gran honor. Viajo y doy charlas a jóvenes bailarines. En Estados Unidos soy jurado en el Concurso Internacional de Ballet de New Jersey y me invitan como Presidente del Jurado en Barcelona, donde convoqué a Julio Bocca y a Lola Greco, para que el pronunciamiento del jurado tenga seriedad y peso. Además hago couching en forma privada a bailarines y a los cantantes de ópera.

He mantenido a lo largo de mi carrera las visitas a nuestro país y a mi Tucumán natal. En cualquiera de mis viajes, reconozco a los talentos que llegan a mi vida y rápidamente consigo que los jóvenes obtengan becas de estudio para formarse en las áreas adecuadas. Algún tiempo atrás, Marilyn Mónaco, organizó un seminario en Mar del Plata al que fui junto a Daniel Chajnik, para hacer ballet contemporáneo. Hubo muchos detalles que nos hicieron sentir que estamos también recordando y admirando a los que se fueron; por ello, arrojamos unas flores al mar por quienes han dado tanto a la danza. Ahí estaba Tomás de Marco e inmediatamente dije ‘este niño tiene talento’. Él ya fue a Nueva York donde está becado, ahora a Barcelona, Madrid, Cádiz y donde va yendo, todos quieren darle becas. Es un futuro grande, si Dios quiere, con un estilo nuevo. Es una mezcla de todos los procesos que siguió: empezó con danzas vascas cuando tenía 13 años en el Centro Navarro de Mar del Plata, fueron a España, volvieron, comenzó a estudiar tango y después ballet. Tiene una presencia, un movimiento…, Igal Perry le ofreció una beca completa en Nueva York, también en el MAC (Manhattan Art Center) una nueva institución, también en Barcelona, en Madrid. Tengo otros dos alumnos becados actualmente en Nueva York, Edna Rígola de Barcelona, llena de talento, y Ana Clara Iribarren otra niña argentina, buenísima, que entrará al Ballet Juvenil de Manhattan. Y otros cuatro alumnos que son, Jesica, Doria, Mac de Valencia que puse en el Ballet Theatre y Tomás”.

¿Qué es lo que veo, cuando digo esta persona tiene talento? Es una cuestión de energía, o viene de arriba. Ver el espíritu, llegar hasta el alumno. Y la experiencia. En 2009 fui a Ushuaia invitado por Estela Erman, donde vi a Selena, una niñita de 10 años, a quien puse con Rina Balver y ahora está en el Colón. Solo mirándola vestida de ballet en la clase dije ‘el cuerpo de esa niñita tiene mucho talento, cuídenla’. He sabido orientar a actores, músicos y bailarines. Dios me ha dado ese don…

Si hoy tuviera que dar clases de ballet, lo haría en la piscina, con el agua hasta el pecho, y para los niños comenzaría con tap, porque relaja y coloca a las piernas de la forma como lo exige la técnica del ballet. Lo mejor de mi vida es poder dar a los jóvenes toda la experiencia de lo que ha sido mi vida, mi trabajo y mi arte. Poder volcarlo en ellos, dejándolos ser ellos, no queriendo que sean como yo fui. No, mi vida no es la suya, vivo en otro mundo, y el mundo es de ellos hoy en día.

Me preguntan cuál es la importancia del arte y la cultura para la gente; respondo que es una necesidad que tiene el ser humano. Sin el arte no se puede vivir. Es la forma de comunicarse con lo que a veces se desconoce, pero se siente. El arte y el sentimiento religioso tienen una misión muy importante en el mundo, en la vida. Mientras que la ciencia descubre, orienta, analiza, mide, calcula, la religión hace al hombre más bueno, busca la Fe, lo forma espiritualmente. El mundo del espíritu y el arte pueden verdaderamente salvar al mundo.

Todos los días hay que mortificar al cuerpo para estar en gracia de Dios. Así como un sacerdote tiene que dar todos los días la misa, un bailarín tiene que estar todos los días en la clase, ensayar y después salir a enfrentarse al público. El que baila tiene que mostrar que está como fuera de este mundo. Ese estado de gracia lo dan la clase y los ensayos, se purifica el cuerpo, para que se sublime. Cuando el cuerpo está sublimado ya se puede bailar, se puede hacer arte, el espíritu va a entrar en el mundo del arte.

El estudiante de danza tiene que tener mucha vocación y amar la danza, de otra manera no tiene las armas para poder sacrificarse. La danza es una carrera muy corta,nada promete y exige mucho. Es muy fugaz. No todos los bailarines son buenos maestros ni coreógrafos. Quienes se dedican a enseñar, ojalá que se preparen bien. Esta carrera a veces es muy aburrida, muy ingrata, es una entrega total del individuo a favor del otro, sin exigirle al alumno que sean como ellos creen,no. Hay que buscar que salga de ellos su propia personalidad. Suelo escuchar,‘cuando yo estudiaba…’no, no cuente historias,a ellos no les interesa, hágales encontrarse así mismos.

Deseo dejar un libro autobiográfico donde expreso lo que ha sido mi vida. Están compaginándolo por capítulos. Termina con ‘todos fueron mis hijos’, es decir mis alumnos, siempre fue para mí una responsabilidad tan grande, un afecto tan grande y una entrega tan grande, que el alumno lo siente, espiritualmente. En el libro hablo de Balanchine, Margot Fonteyn, Marta Graham que enseñaba en la Juilliard School, como Antony Tudor y José Limón; todo eso para mí es una historia maravillosa. Relato algunas anécdotas de clases y ensayos, con Baryshnikov, Sol Hurok, Merle Park. Otro capítulo se llama “Amor a pedazos”, porque a todos los alumnos hay que darles amor. El valor del credo, creer en la danza. Si no hay vocación, si no hay fe, si no hay amor, no debe estudiarse danza. La danza no te está llamando.

A mis alumnos les enseño a bailar bien todos los días.Insisto, bailar como si fuera el último día que se lo va a poder hacer. Elevo también todos los días, una oración por los que con ejemplar generosidad me han educado y formado para esta realidad que es mi vida, mi trabajo y mi arte. Esta peregrinación que es mi experiencia vital, mi trayectoria, muestra lo fallido de aquel sombrío vaticinio; en verdad, ¡quién hubiera podido predecir que este “negrito tucumano que pasó su infancia jugando en las acequias del pueblo de Aguilares”, fuera contratado por el American Ballet Center de Nueva York como primer Ballet Master y terminara en 1965 siendo el maestro de artistas de la talla de Rudolph Nureyév, quien no saltaba, sino que volaba y de Margot Fonteyn! ¡Quién me hubiera imaginado enseñando en la Juilliard School de Nueva York, una de las escuelas de arte más importantes del mundo! Nadie hubiera supuesto que dentro de un ámbito de extrema exigencia en lo exterior, como la danza profesional, habría un espacio para un maestro argentino que no basaba su instrucción solo en la técnica. Un maestro del cuerpo que también enseñaba sobre el espíritu. Creo que la danza es para todos; el ser humano cuando nace, trae la música, el canto y la danza. Son tres ramas del arte cuyo conocimiento promueve su devoción, su valoración como signo de fe; como fuente de esperanza; como emblema de amor; como camino que lleva al hombre a ser mensajero de paz, de belleza y de comprensión.

 

He enseñado que la pintura es el alma de la poesía; la poesía es el alma de la música; la música es el alma de la danza; la danza es el alma de la Naturaleza; la Naturaleza es Dios. Porque todo arte viene de la Naturaleza; el que pueda arrancarlo de ella, lo posee. Una obra de arte no puede venir sino del interior del Hombre; el arte es su liberación, pues a través del arte habla su espíritu.

La mística es el modo de expresión del alma y la danza es el lenguaje del cuerpo. Cuando el espíritu ilumina al alma y al cuerpo, lo sublima. Quien no vive para servir, no sirve para vivir. Aliento a mis alumnos a continuar con esta utópica aventura de amor, paz y justicia.

Comento finalmente que he sido entrevistado en numerosas oportunidades y tanto las grabaciones de reportajes como los artículos periodísticos pueden ser consultados en la Web[3].

[1]   Fonteyn, Margot. 1976. Autobiography. New York, NY, USA. Alfred A. Knopf Inc. ISBN: 0-394-48570-X. 266+X págs.

[2]   “Another teacher Rudolf found is Hector Zaraspe, an Argentinian, and a great comedian. When one thinks of approximately three hundred hours of rigorous class each year, for thirty or forty years of one’s life, it is easy to appreciate that the teachers’ personalities are immensely important. Those who love music, dancing and theatre are easier to work for than those who care most about the placing of the hips but, of course, one cannot have one withoutthe other, and all classes are absorbing. All the same, it is nice to laugh, and Hector has a delightful sense of humourto lighten the difficulties. His English is good now, but he likes to tell of the days when he first traveled in the New York subway. The train was crowded and he was strap-hanging, hemmed in by big tough Americans. Hector is light of build, and when he reached his station he could not push his way out. Timidly he spoke to his neighbour. The hugeman glowered down at him: “What d’yer say?” he growled. Hector, more nervous than ever, repeated his phrase: “I say, ex-squeeze me please,” and with a desperate thrust got out, somewhat alarmed by the look on the big man’s face. I invited him to Panama one Christmas so that I could holiday without losing my training. Unfortunately, he came tearing down in such a hurry that he forgot to have his American re-entry visa in order and didn’t get home again for six months. He was very good-natured about it.

[3]  Ejemplos relativamente recientes son el artículo “El Maestro” de Leonardo Blanco publicado el domingo 07 de noviembre de 2004 por el diario La Nación; la conversación con Gema Castellano del 13 de mayo de 2010 en Barcelona para Informativos.net; la entrevista que me hiciera Patricio Lerzundi, Profesor de Lehman College CUNY (Upper West Side) el 12 de abril de 2011; la publicada el lunes 10 de octubre de 2011 con Agustina Llumá del Balletin Dance (había estado en Buenos Aires, durante el mes de septiembre); el diálogo con Pedro García, Director del Departamento Informativo del Canal televisivo CCC de Tucumán, en el programa “Punto de partida”, subido el 11 de febrero de 2015; etc. En líneas generales, cuento de cuando fui contratado por la Compañía “Antonio Ballets de Madrid” como solista, Maestro de Ballet y Asistente del Director y realizamos giras llegando a USA en 1964, donde tuve oportunidad de bailar en Los Ángeles, San Francisco, Washington, New York, Chicago, Cleveland, etc., y en Canadá con presentaciones en Vancouver, Calgary, Montreal, Winnipeg, Edmonton y Toronto. En esa gira el Director del “American Ballet Center” de New York, Robert Joffrey, me contrató como Master de dicho Centro y primer Ballet-Master para su Compañía, fundada en 1965 (The Joffrey Ballet), una de las más importantes Compañías de Estados Unidos. Por cinco años enseñé en dicho centro, dictando clases de técnica, Pas de Deux, puntas, variaciones, repertorio, carácter y “clases especiales” para varones, siendo algunos grandes personalidades de la danza, de la ópera, del teatro y del cine. Fui coreógrafo asistente de Rudolf Nureyév en “Don Quijote” en el State Opera de Viena; también coach y Ballet Master de Carla Fracci para la película “I am a dancer”. Estuve invitado como maestro de Les Grandes Ballet Canadiens, National Ballet of Holland, Metropolitan Opera (New York); Director Artístico de la Compañía de Ballet del Teatro Municipal, Rio de Janeiro; Instructor de ballet del Congreso Internacional de Ballet en Colonia (Alemania) y Cape Town (South África). Actué como Maestro de Ballet en el Teatro Colón de Buenos Aires; Hamburg Opera House; Ballet Internacional de Caracas; Ballet Théâtre Français, Nancy; Ballet Grand Théâtre, Geneva. Fui coreógrafo invitado y asesor artístico del Ballet Metropolitano de Caracas, Venezuela y Presidente Honorario del Consejo Brasileño de la Danza. Como Pedagogo invitado del Consejo Internacional de la Danza (UNESCO), fui contratado para un trabajo en Colombia junto a Dame Margot Fonteyn, siendo padrino de la primera Compañía de Ballet de dicho país. En 1986/87, la Comisión “Fullbright”, Centro de Intercambio Cultural Norteamericano, me becó para la enseñanza de la danza y el Ballet y para presentar un espectáculo coreográfico en Montevideo (Uruguay), Buenos Aires y Tucumán (Argentina). Realicé las coreografías para las películas: “El Capitán John Paul Jones” (Con Bette Davis, Robert Stark, dirigida por John Farrow), “Spartacus” (Con Kirk Douglas, Peter Ustinov, Laurence Olivier, Tony Curtis y Jane Simons), “55 Días de Pekín” (Con Charlton Heston, Ava Garner, David Niven, Flora Robson), habiendo grabado varios cortos para la televisión. En 1989 recibí en la República Argentina el Premio KONEX en la disciplina Pedagogía, y continúo dirigiendo y dictando seminarios en Brasil, Argentina, Venezuela, y otros países, presidiendo también la competición “Danza-Niño” para la UNICEF. Como Presidente de la Fundación Zaraspe, cuyos objetivos son enseñar a los niños, ayudar a los jóvenes, y proteger a los ancianos a través de la educación, la cultura y el arte, en la búsqueda de una sociedad más justa con los niños; empresarios más humanos con los jóvenes y un pueblo que respete a sus ancianos, aspiro a una sociedad más hermanada en la generosidad y el amor.

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